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El comienzo de nuestra historia se remonta más de 100 años atrás. Nuestros bisabuelos vivían en una zona remota de la sierra Almeriense llamada Barranco de Carcauz, donde se vivía principalmente de la agricultura y la ganadería de subsistencia.

En este tipo de lugares era imprescindible, por un lado, aprovechar cualquier forma de alimento y no desechar casi nada y, por otro lado, elaborar alimentos no perecederos por la falta de electrodomésticos como los que poseemos a día de hoy para conservar la comida. Esta cultura de aprovechamiento dio paso a numerosas recetas e ideas que ofrecían una dieta mediterránea esencial para sus vidas.

En este contexto, en una mañana primaveral paseando por el campo, nuestros bisabuelos observan un enjambre de abejas. Tras examinarlas, comienzan a elaborar una colmena para ellas. Su primera colmena se fabricó con carrizo, y la forraron con barro y paja. Días después, consiguen introducir un enjambre aferrado a un almendro en su colmena.

Con la observación continua y el conocimiento popular, van entendiendo ciertos comportamientos de la colmena: cuando necesitan alimento, cuando su reina no trabaja lo que debería, cuando están enfermas… además, las posibilidades gastronómicas que le ofrecía la colmena eran inmensas y de importante valor vitamínico: desde miel, polen, meloja e incluso antibióticos naturales como el propóleo.

Todo este conocimiento pasa de bisabuelos a nuestro abuelo (José El Barranquero) y en esta nueva generación comienzan a darle uso también para polinizar sus propias plantaciones de almendro, naranjos, nísperos... La colmena evoluciona a cajas de madera, de tipo Layens en su caso y los métodos de cuidado y recolección evolucionan.

 

Con el paso de los años, las colmenas van multiplicándose y las cosechas de productos naturales aumentan. Los hijos de José El Barranquero (padre y tíos para nosotros) comienzan a conocer el mundo de la apicultura trabajando en ellas e incluso comienzan a trasladar las colmenas a distintas localizaciones para aprovechar floraciones y multiplicarlas haciendo enjambres.

 

De los 4 hijos, nuestro padre y un tío, siguen manteniendo colmenas y cuidando de ellas principalmente como afición. Siguen recolectando productos y polinizando campos, ahora en agricultura intensiva, en cultivos como melón y sandía.

Y finalmente nosotros, los hijos (nietos de José El Barranquero), comenzamos a conocer el oficio a través de ellos. Nuestro padre nos cede sus colmenas para que comencemos a cuidarlas, nuestro tío nos proporciona cajas de madera y nuestra andadura en la apicultura comienza.

Con la ayuda de nuestros padres, años de sacrificio, formación especializada y mucha pasión por lo que hacemos, lo que para nuestros familiares había sido un sustento, un hobbie, un oficio liviano, para nosotros se ha convertido en nuestra forma de vida durante todo el año.

¡Gracias a ellos estamos aquí y gracias a vosotros podemos continuar con nuestro apasionante trabajo!